Javier Lasluisa
Wilson Javier Lasluisa Torres
“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.” 1 Tesalonicenses 4:14
y Almendra ✣
Su vida
Javier Lasluisa fue un destacado chef, maestro, emprendedor y hombre de fe nacido en Cayambe el 29 de diciembre de 1972. Su vida estuvo marcada por el servicio a Dios, el amor por su familia y una profunda pasión por la gastronomía, convirtiéndose en una de las figuras más representativas de este ámbito en su ciudad y en el Ecuador.
Desde muy pequeño desarrolló una fe inquebrantable que lo acompañó durante toda su vida. Quienes lo conocieron recuerdan su confianza absoluta en Dios, su capacidad para encontrar esperanza en los momentos más difíciles y su convicción de que la gracia del Señor siempre llega en el momento indicado. Vivió, como él mismo decía, “por y para Dios”, y esa fe se reflejó en cada aspecto de su vida personal y profesional.
Su trayectoria académica fue sobresaliente. Obtuvo el título de Licenciado en Administración de Empresas Hoteleras y posteriormente alcanzó una Maestría en Desarrollo e Innovación de Alimentos. Complementó su formación con especializaciones en heladería artesanal y chocolatería en prestigiosas instituciones internacionales como la Universidad dei Sapori de Italia y el Basque Culinary Center de España.
A lo largo de su carrera trabajó en importantes establecimientos hoteleros, entre ellos el Hotel Hilton Colón Internacional, Hotel Mercure Alameda y Hotel Sheraton, además de desempeñarse exitosamente en la reconocida heladería Tutto Freddo. Su talento y dedicación lo llevaron a obtener importantes reconocimientos, destacándose el primer lugar en la Quinta Edición de la Copa Latinoamericana del Helado Artesanal, celebrada en Buenos Aires, Argentina.
Su espíritu emprendedor lo llevó a fundar dos negocios que se convirtieron en referentes de Cayambe: Heladería y Gelatería Sierra Nevada y Panadería y Pastelería Dulce Miel. Asimismo, compartió generosamente sus conocimientos como docente de la Escuela de Gastronomía de la Universidad de Las Américas (UDLA), donde formó a nuevas generaciones de profesionales de la cocina.
Por sus contribuciones al desarrollo de la gastronomía y a la sociedad cayambeña, recibió la prestigiosa Medalla Cayambe, reconocimiento otorgado a personas que han sobresalido de manera excepcional en diferentes ámbitos de la comunidad.
El hombre detrás del Chef
Sin embargo, más allá de sus logros profesionales, quienes lo conocieron coinciden en que su mayor grandeza radicaba en su calidad humana. Fue un hombre visionario, innovador, altruista y profundamente humilde. Nunca permitió que sus éxitos lo alejaran de la sencillez que lo caracterizaba. Fue un excelente compañero, un maestro generoso, un amigo leal y un hombre de noble corazón.
Como padre, dejó una huella imborrable en la vida de sus hijos. No enseñaba únicamente con palabras, sino con el ejemplo. Enseñó a trabajar, a crear, a perseverar y a encontrar oportunidades donde otros veían dificultades.
Para su familia fue mucho más que un chef reconocido. Fue el motor detrás de innumerables proyectos, la persona que encontraba el lado positivo de cada situación y alguien capaz de transformar lo ordinario en extraordinario con sus manos y su creatividad. Para muchos era “el Chef”; para sus estudiantes, “el Maestro”; para sus amigos, un compañero excepcional. Para sus hijos, era simplemente un héroe.
Su partida y su legado
Tras enfrentar con valentía una dura batalla contra el cáncer, Javier partió el martes 16 de junio de 2026 a la 1:53 de la madrugada, a la edad de 53 años. Incluso en sus últimos días conservó la serenidad que siempre lo caracterizó, afirmando que estaba tranquilo porque Dios conoce el momento en que nacemos y el momento en que partimos.
Su legado permanece vivo en cada estudiante que formó, en cada emprendimiento que impulsó, en cada persona que inspiró y, especialmente, en su familia. Su historia es la de un hombre que combinó excelencia profesional con una profunda humildad, que dedicó su vida a servir a Dios y a los demás, y que dejó una marca imborrable en la gastronomía ecuatoriana y en los corazones de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
Hoy recordamos a Javier como un hombre de fe, un maestro ejemplar, un emprendedor visionario, un padre extraordinario y un ser humano excepcional cuya luz continúa guiando a quienes amó.